Eventualmente (a los 3 meses porque en este bendito país es lo único que nos dan) mi licencia de maternidad llegó a su fin y fue necesario adaptar mi vida laboral a nuestra realidad con los niños, contratamos a nuestra amiga Naye como la niñera oficial de los niños para que Bety pudiera seguir trabajando en lo suyo y yo irremediablemente tuve que alejarme por 8 horas de los 3 amores de mi vida.
No se exactamente como describir lo que me hace sentir tener que pasar muchas horas en una oficina donde a veces hay mucho que hacer y en otras absolutamente nada mientras en casa siempre hay cosas por hacer, pero mientras el amor no pueda comprar pañales, leche y demás pues tengo que seguirlo haciendo.
A veces siento que me pierdo muchas cosas de los niños, sonrisas, carcajadas, llantos y demás, a veces siento que al alejarme ellos poco a poco pueden dejarme de querer (probablemente solo sea mi drama interno, pero así lo siento) y que eso que pierda hoy con ellos quizá nunca lo pueda recuperar. Por otra parte, cuando busco cosas positivas a todo esto, siento que, al alejarme, también permite que se fortalezcan los lazos entre Bety y los niños y se que eso es positivo para ellos 3.
En ocasiones Bety desespera con tanto que hacer (trabajar, ocuparse de la casa y, aunque esté Naye ahí para apoyar, de cuidar a los bebés) y yo me siento irremediablemente inútil y atrapada en mi oficina sin poder ayudar, trato de compensarlo lo mejor que puedo en cuanto llego a casa pero en mi siempre cabe esa sensación de no estar haciendo suficiente ni por mis hijos ni por mi esposa.
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