Si creí que el embarazo había sido un tanto complicado la verdad es que el nacimiento prematuro de los patositos y nuestros días en la UCIN fueron bastante más difíciles, tanto que ni tiempo tuve para recuperarme de la cesárea y pasé de la inmovilidad a andar a las carreras todo el tiempo.
La mañana del miércoles 29 tuvieron a bien darme de alta y con ello empezó la travesía de pasar los siguientes 22 días entre el hospital y nuestra casa, la verdad es que los horarios eran súper estrictos y mientras estuvieron ambos bebés en el área de terapia intensiva solo teníamos 3 horas al día para verlos 10:30, 17:00 y 22:00, ahí a pesar de las enfermeras regañonas logramos que nos dejaran pasar a Bety y a mi al mismo tiempo con el argumento de que cada una estaría con un bebé (2 mamás, 2 bebés) aunque en realidad hacíamos media hora y media hora con cada uno, los primeros días era verlos casi siempre dormidos Dante en su camita de bronceado (tenía fototerapia por que tenía alta la bilirrubina) y a Mikel Intubado, yo les hablaba y cantaba todo el tiempo (ahí me dio por componerles una canción a cada uno “Mikel Osito bebé” y “Dante, Dante”) les platicaba que tenían que ponerse bien que en casa los esperábamos con ansias y de sus abuelos, tíos y primos, a veces no sabía ni de que hablar pero tenía claro que tenía que aprovechar esa hora al máximo para que ellos supieran que no estaban solos, Bety hacía su parte y siempre salíamos con sentimientos encontrados entre la felicidad de verlos y la preocupación por lo que nos dijeran los médicos respecto a su estado de salud.
Los días fueron pasando y Dante fue el primero en salir de terapia intensiva y lo pasaron a terapia intermedia donde estaba totalmente solito y los horarios de visita cambiaron, a él lo podíamos ver cada 3 hrs. A partir de las 9 de la mañana y hasta las 9 de la noche ahí fue cuando la vida se nos complicó más porque entre esos horarios y los de Mikel sumados a que tenía que sacarme leche para que fueran dándosela por sonda (aun no podían succionar del pecho) pues era un correr de un lado al otro además de vivir siempre regañadas por las enfermeras por cualquier mínimo detalle que encontraban.
Con Dante en terapia intermedia fue con el primero con el que pudimos hacer mamá canguro (la primera fue Bety) y siempre fue reconfortante sentir que iba mejorando, pero era doloroso no poder pasar a ver a Mikel cuando solo había una pared que nos separaba de él. Unos días más tarde quizá 5 o 6 pasaron a Mikel a intermedia, pero su evolución en general fue mas lenta, de repente se ponía morado porque dejaba de respirar y siempre sentimos que los médicos lo querían llevar demasiado rápido pero afortunadamente también pudo salir adelante.
Finalmente el 19 de Julio dieron de alta a dante y el 21 a Mikel, aún no sé si hubiera soportado todos esos días sin Bety a mi lado, ella todo el tiempo se mantuvo fuerte y además de aguantar todas las carreras y preocupaciones de esos días, se hizo cargo de mi y de seguir trabajando, creo que si ya la amaba ahí aprendí a amarla aún más.
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